LO QUE ESTÁ EN CURSIVA ES LO QUE PIENSA EL PERSONAJE
-Narra John-
Había ido a por Cynthia un poco antes de
lo necesario, algo raro en mi, para poder estar solos un rato. Había
olvidado lo divertida que era esa chica, y lo bien que besaba. Habíamos
llegado un poco antes a Strawberry Fields así que nos sentamos en un
banco a esperar. Ella hablaba y yo solo miraba al frente y fumaba,
asintiendo de vez en cuando con la cabeza para que viese que la estaba
escuchando.
Como
vimos que iban a tardar en llegar decidimos entrar en Strawberry.
Saltamos la oxidada verja roja y corrimos por los verdes campos cogidos
de la mano. Al llegar a donde antes estaba el orfanato nos sentamos en
las escaleras de entrada y le cogí la mano. Nos besamos y abrazamos
allí sentados.
Repasé en mi mente todo lo que había pasado en los últimos meses, desde la primera vez que fuimos a Hamburgo hasta ese día.
Relajé
mi mente mientras inhalaba el humo de mi cigarrillo, intenté notar los
latidos de mi corazón, seguramente lentos, relajados. Pensé en ella,
Louise. Louise. Mary. Harrison. Ahora salía con el pesado de Mick, no
es que no fuese agradable, la verdad parecía un buen tipo, pero que
estuviera con Louise era algo que en el fondo, muy en el fondo, me
dolía, y era algo que nunca querría admitir. Mis ojos vagaron hasta
Cynthia que fumaba y miraba a su alrededor. Ella era una buena chica,
quizá demasiado buena para mi... pero.... si ella era buena, Louise lo
era más... Pero había cambiado tanto en los últimos meses. Y no era yo
el hombre que estaba a su lado para ayudarla en cada momento. Agg, ¿por
qué demonios pensaba yo eso en ese momento? Suspiré en alto y seguí
fuamando.
Noviembre
-Narra Louise-
Mick
y yo habíamos vuelto a Hamburgo en Septiembre, para volver a empezar el
curso. Había dejado a mi hermano y a los chicos en Liverpool. Tras una
dulce y algo triste despedida me volví a Hamburgo con una caja llena de
sandwiches y mi novio. Novio. Que raro sonaba decirlo... Mi novio...
Mi... Sólo mío.
Como
cada mañana me levanté, ahora vivía en el piso de Mick. Bajé y lo
primero que vi fue un sobre tirado en el suelo del recibidor. Me acerqué
y lo cogí. Miré la persona que lo enviaba e inmediatamente corrí a la
cocina para abrirlo. Me preparé un té y me senté a leer con la taza
humeante entre mis manos. Empecé a leer la carta:
Hola Lou,
Todo
va muy bien por Liverpool, las cosas no han cambiado mucho por aquí,
Paul sigue tan femenino como siempre, tú ya me entiendes, y ahora anda
como una adolescente con el período, va a tener una cita con su amiga
pelirroja, Karo. Creo que estoy algo celoso, pero se me pasará.
Mi corazón latía muy rápido a medida que iba leyendo la carta.
Pete
sigue siendo el que más atrae a las chicas, siempre rodeándole y
riéndose como tontas, pero no me parece mal, sabes que yo tengo mi
chica.
El
otro día apareció en The Cavern un chico que se hacía llamar Brian
Epstein. Todo vino por aquel disco que grabamos con Tony Sheridan en
Hamburgo, no sé si te acordarás. Bueno, pues un chico fue a su tienda,
ese Brian tiene una tienda de discos cerca del local y alguien entró
preguntando por nostros, ¡¿te lo puedes creer?! ¡PREGUNTARON POR
NOSOTROS EN UNA TIENDA DE DISCOS! Aún no me lo creo. Y al final va a
venir a vernos otro día, no sé que interés puede tener un hombre como él
en unos chicos como nosotros, ¡parece que nuestros esfuerzos se verán
recompensados!
¿Cómo va todo por ahí? ¿Sigues siendo tan buena como siempre? Y Stu, ¿cómo están él y Astrid?
Creo que ya tengo que irme, estoy esperando tu respuesta.
Muchos abrazos de John L.
Miré
la caligrafía de la carta, sí, definitivamente la había escrito John.
Pero, ¿por qué él y no mi hermano o Paul? Y, ¿quién era ese Brian? ¿De
verdad estaba interesado en los chicos?
6 Diciembre de 1961
-Narra John-
Solo
una mesa nos separaba de lo que podría ser nuestro futuro. Tres folios y
una firma determinarían si todos nuestros esfuerzos habían valido de
algo. Miré las caras de mis compañeros. George, tan serio como siempre.
Pete, indiferente. Paul, con sus largas pestañas, que escondían sus ojos
color avellana, miraba hacia mi.
-Narra Paul-
Mi
corazón latía muy rápido, y mi pecho subía y bajaba rápidamente. Miraba
el papel que tenía delante de mi, y aún no me lo creía.
-Narra John-
Estaba
decidido a que triunfásemos. En mi vida me había esforzado tanto por
una causa, y esta era MI causa. Conseguiría que Mimi estuviera orgullosa
de mi, que mis tías vieran que el pequeño John había crecido y ahora su
grupo iba a triunfar. Mi madre y el tío George, desde donde quiera que
estuviesen, verían que John era capaz de hacer algo con su vida. Y si
algún día mi padre se molestaba en interesarse por mi, sabría que su
hijo era mejor que él, un verdadero artista.
Miré por última vez el papel, había demasiadas letras, estaba demasiado cansado como para leerlo todo, pero el señor Epstein me inspiraba confianza, así que supuse que no nos estaría engañando.
Algo en mi interior me hizo aceptar, era todo lo que siempre había soñado, y alguien quería darme la oportunidad de cumplirlo.
John: aceptamos - dije convencido
Paul: seguro John? - me miró y yo asentí - entonces aceptamos
George: como digan ellos - miró a Pete, quien se encogió de hombros
Cogí el bolígrafo y firmé el papel, se lo pasé a los chicos y también lo firmaron. El último en firmarlo fue Brian. Era, oficialmente, nuestro manager.
Hace siglos que no escribía y teneis derecho a matarme, pero ahora intentaré escribir lo más seguido posible.
Muuuchos besos y gracias por leer.
John: aceptamos - dije convencido
Paul: seguro John? - me miró y yo asentí - entonces aceptamos
George: como digan ellos - miró a Pete, quien se encogió de hombros
Cogí el bolígrafo y firmé el papel, se lo pasé a los chicos y también lo firmaron. El último en firmarlo fue Brian. Era, oficialmente, nuestro manager.
Hace siglos que no escribía y teneis derecho a matarme, pero ahora intentaré escribir lo más seguido posible.
Muuuchos besos y gracias por leer.